Bajo el telón del antiguo cine Bujazán en Tijuana, el pasado 22 de marzo a las 10 de la noche, el público vivió una velada inolvidable de la mano de Kabrones, agrupación conformada por exintegrantes de la legendaria banda española Mägo de Oz: Carlitos en la guitarra líder, Salva al bajo y José Andrea en la voz. Juntos, lograron pintar sonrisas, arrancar gritos de alegría y despertar profundas emociones en sus fans durante un concierto cargado de fuerza, pasión y memorias.
El espectáculo comenzó con la emblemática canción Maritornes, un himno que desató euforia entre los asistentes. Cada acorde y cada verso resonaban con la intensidad que solo músicos de su calibre pueden transmitir. La energía del público era desbordante, pero también latía un sentimiento de nostalgia y homenaje que marcaría la noche.

Una despedida entre baldosas amarillas
El concierto no fue solo una celebración musical; fue también un tributo sentido y emotivo. A lo largo del show, la banda recordó a dos grandes músicos y amigos que partieron recientemente: Jorge Cisneros “Kiskilla”, compañero de giras, y Fernando Ponce de León, flautista y exintegrante de Mägo de Oz. La emoción fue palpable cuando dedicaron la canción Es hora de marchar en su memoria.
El público, conmovido, acompañó este momento con un respetuoso silencio, seguido de aplausos y lágrimas que demostraron el profundo cariño hacia quienes alguna vez compartieron el escenario y dejaron un legado imborrable.

Luces, unión y el inicio del fin
José Andrea, con su poderosa voz y carisma inigualable, pidió a los asistentes levantar las luces de sus celulares y bajarlas al ritmo de la música. En ese instante, el antiguo cine Bujazán se iluminó con un mar de luces titilantes, como estrellas guiando el camino hacia la última canción de la noche: Satania, tema que simboliza el inicio del fin del camino.
La fuerza de cada acorde y cada verso envolvió al público en un torbellino de energía. Al final, un grito resonó en el recinto, cargado de emoción y catarsis colectiva. Como una frase final que queda suspendida en el aire, José Andrea lanzó las palabras que cerraron la noche:
“We must be over the rainbow”.

Un legado que sigue vivo
Kabrones demostró que la música es un puente atemporal que conecta el pasado, el presente y el futuro. Más que un concierto, lo vivido en Tijuana fue un viaje emocional, un homenaje y una celebración de la vida y el legado musical que sigue encendiendo corazones. Porque, como ellos mismos lo mostraron, hay melodías y recuerdos que caminan sobre baldosas amarillas hacia un destino que, aunque lejano, jamás se desvanece.







